IBICENCA


Uno de los atractivos de la ciudad culta es el arriesgado ejercicio intelectual de repasar sus carteles y reclamos, pegados por lo general en los escaparates de las tiendas y comercios que naufragan. Sus ciudadanos saben a la perfección dónde medran estos anuncios intermitentes, tanto como conocen qué locales son, a ciencia cierta, favorables al fracaso y futuro pasto, pues, de los señuelos visuales. La Administración copa las marquesinas, lo alto de las farolas, la fachada de los palacios y las esquinas ilustres, y el intercambio entre particulares se busca la vida a salto de mata. Volviendo a los primeros, la inmensa mayoría son de espectáculos, conciertos y fiestas, en particular las universitarias. El diseño gráfico, salvo puntuales y excelentes excepciones, desmotiva por sí solo. En temporada alta, sin embargo, arrecian las oportunidades de avergonzarse. Esta mañana, por ejemplo, coqueteo con lo delirante: anuncio de "fiesta ibicenca" en una discoteca de Torreorgaz, población con sus notables atractivos, incluidas sus dehesas, sus cercanías serranas y lo que resta de arquitectura popular en el municipio, pero también secarral veraniego donde los haya (Valdesalor incluido). Según el cartel, entrada gratis para todo aquel que acuda vestido íntegramente de blanco. Y "un mojito" gratis por una prenda blanca en al atuendo. El coste de la entrada para semejante parodia no se especifica. No gana uno para sombreros, de tantos que hay que quitarse ante emprendedores con tal ingenio para la convocatoria, y su discreto humor. De ahí a una dirección general hay un paso.